Tino “El escachao”. Las lágrimas del vendedor de pipas que llegaron al corazón de Las Palmas

Texto y fotos: Andrés Torres

Nadie conoce a Agustín Vega del Toro (Las Palmas, 28 de mayo de 1951), pero todo aficionado de la Unión Deportiva Las Palmas conoce a Tino “El Escachao”, oficialmente jefe de los recogepelotas del club pero mucho más en el corazón de todo hincha amarillo.


Su peso y estatura (apenas pesa 55 kilos y mide 1,57 centímetros) le han valido el apelativo de “escachao”, un tesoro del simpar léxico canario que significa ‘pequeñito’, entre otras múltiples acepciones. “Cuestión de vacilar”, resume el propio Tino. Así le conoce incluso la primera plantilla del equipo. Y toda la isla. Porque Tino podrá ser pequeño, pero su figura familiar dentro de un club tan entrañable se alza grande y poderosa en unos tiempos donde los sueños de futbol de los niños son profanados por millones de euros, representantes avaros, agentes FIFA y salvaje mercadotecnia.

El viejo Insular

Tan es así, que en un guiño a la gloria de los Tonono y Guedes que hicieron del club un histórico de Primera durante 19 temporadas consecutivas en los años 60 y la década de los 70, Tino recibe a Líbero en el antiguo Estadio Insular, reconvertido en 2015 en un singular parque. Tres gradas amarillas contemplan un verde cuidado de 1.500 metros cuadrados, hoy jalonado de palmeras, pequeños que juegan y mayores que pasean donde hace 13 años, la última temporada del club en la élite, astros como Zidane dejaron improntas de su mejor clase. El Estadio Insular se erige en la zona de Ciudad Jardín de la capital grancanaria como venerable testigo de su historia, orgulloso. En las gradas vacías aún parece escucharse una letanía mística de cantos de batalla. Pio-Pio. Arriba d´ellos. Dos recogepelotas acompañan a “El Escachao” durante nuestra entrevista. Lo observan con una admiración que trasciende su cargo en el seno del club. En la mirada de los chavales se adivina el reflejo de un símbolo, una figura en vías de extinción en el fútbol mal llamado moderno. Agustín es un hombre de club, entregado a la Unión Deportiva y al cuidado de los jóvenes que sueñan con emular las gestas de ‘El Flaco’ Valerón.

Captura pantalla de Tino en el spot de Las Palmas

La crueldad del fútbol

La desgarradora imagen de Tino, llorando desconsoladamente tras el amargo desenlace de la promoción de ascenso de la temporada 2013-2014, se convirtió en el eje del spot publicitario de la campaña de abonados de la Unión Deportiva para la triunfal campaña que ha devuelto al equipo a Primera. Aquellas lágrimas bañaron de dolor toda la Playa de las Canteras después de que parte de la afición invadiera el campo del Estadio Gran Canaria -“a un minuto de la gloria”, como recuerda el propio Tino- y el Córdoba aprovechara el desconcierto amarillo para marcar un gol que enjauló a los canarios una vez más en Segunda.

“En aquel momento el dolor me hizo cerrar los ojos hasta cuatro veces, el Córdoba no lo merecía”, rememora áspero. “La guagua para celebrar el ascenso ya estaba preparada, incluso había avisado en casa de que esa noche llegaría tarde”, relata. Los canariones sólo necesitaban un gol para eliminar a los califas y regresar con los mejores. A falta de un minuto, la Unión Deportiva vencía por 1-0 gracias a un gol de Apoño, cuando súbitamente varios aficionados incontrolados saltaron al césped del Gran Canaria. El árbitro suspendió el partido durante unos instantes que parecieron ser eternos, momentos perpetuos sometidos al vaivén de una desazonadora zozobra que acabó por confundir al equipo.

Se reanudó el partido con buena parte de la grada flanqueando a unos asustados jueces de línea. En el caos, el Córdoba demostró por qué los partidos duran hasta el minuto 90. Ulises Dávila empató, condenó a la Unión Deportiva y provocó una función vergonzante con jugadores a la carrera, futbolistas rotos y una guerra civil entre aficionados en el estadio. Las imágenes dieron la vuelta al planeta fútbol. Y en medio de tamaño desconcierto, Tino sólo pudo llorar sin consuelo alguno.

“Fueron dos o tres ‘encanutaos’ perdidos que llevaban colocados desde las diez de la mañana”, denuncia gallardo en defensa de una afición cuyo nombre fue aquel día insultado. El esperpento, con Valerón y el presidente pidiendo calma a la grada, acabó de la peor manera posible. Frustración y violencia. Muchos de aquellos desalmados que frustraron el ascenso tuvieron que esconderse en otras islas canarias, temerosos de sufrir represalias en las calles de Las Palmas. “Aquel día yo mismo recibí un botellazo que no sé de dónde vino”, recuerda Tino. Pero el dolor era otro. Irremisible. “Hecho polvo”.

Como todos los lunes, al día siguiente Tino acudió fiel a su costumbre a tomarse “un cortadito” en su bar de siempre. Tal era el desasosiego en Gran Canaria que un parroquiano indignado clamó contra los jugadores a los que tildó de gandules. “Estuve a punto de tirarle el cortado en el hocico, si no lo hice fue porque llevaba puesto el chándal de la Unión Deportiva”, revela a Líbero. Éste es precisamente otro de los mitos que rodean la figura de Tino.

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Un hombre de club

Cuenta la leyenda que Tino “El Escachao” viste el chándal amarillo y azul de Las Palmas los 365 días del año y una hora menos en Canarias. Sin embargo, nos sorprende verlo vestido de calle, impecable, de Primera. “Siempre he ido con el chándal de la Unión Deportiva a todos lados, incluso al trabajo, pero el año pasado el ‘presi’ me dijo que no fuera en chándal a trabajar”, reconoce. Sin embargo, existen otras razones ocultas. Tino es famoso no sólo en su isla, sino en todo el archipiélago. “Me reconocen hasta en Fuerteventura”, dice entre risas. Ahora sin los colores azules y amarillos, “El Escachao” busca ir de incógnito. Pero no siempre lo consigue. “Para eso tendría que ponerme una careta”, bromea. Cada partido, su rostro aparece en alguna de las pancartas del graderío. Cada encuentro se canta “Tino-Tino-Tino” siguiendo el ritmo tropical del brasileño Carlinhos Brown. “Me emociona”, admite, “yo soy una persona humilde que trabaja las horas que hagan falta, porque hace lo que le gusta. Formar parte de la familia de Las Palmas no se me ha subido a la cabeza, no te voy a dejar de saludar por eso, eso sí sería una bobería”.

Su romance con el club de sus amores se inicia hace 13 años, época en la que llevaba a los niños a las pruebas de acceso a la Unión Deportiva en sus instalaciones de Barranco Seco. “El entonces presidente Ricardo Ríos me preguntó: ¿Qué quieres hacer el año que viene? Y aquí estoy”, relata. Más allá de su labor como jefe de 25 recogepelotas, Tino siempre está dispuesto “a echar una mano” al club. No le gusta que este periodista le hable de ‘chapuzas’, aunque sea con cariño. Prefiere llamarlos ‘mandados’. Una suerte de recados que le han valido toda una retahíla de anécdotas y momentos especiales.

La moto de Vitolo

Sin duda, en cabeza de todas ellas se encuentra el periplo en moto de Vitolo, flamante internacional con la Roja, ex de Las Palmas y actual jugador del Sevilla CF. “Con una moto que me facilitó el club tenía el encargo de llevar a Vitolo de los entrenamientos a su casa, en San Cristóbal. Íbamos juntos. Es un diablo pero es muy buen pibe. Un día me pidió la moto para darse una vuelta solo. Pensé que tardaría cinco minutos y apareció pasada la media hora. ¡Yo ya pensaba que lo había parado la Guardia Civil!”, recuerda sonriente. En aquellos viajes en moto se fraguó una bonita amistad entre ambos. Tino conserva orgulloso la camiseta del debut de Vitolo con La Roja. “Fue un muy bonito regalo”, se sincera.

Sin embargo, “El Escachao” llevaba “buscando las habichuelas” mucho más tiempo. “Con nueve años por la mañana cuidaba a las cabras por los arenales de esta zona y por la tarde entrenaba al Madera y Corcho, un equipo infantil”, evoca. “Mi padre, un albañil de Guanarteme, nunca me dio una perra para el cine, éramos doce hermanos”. Tampoco pudo refugiarse en la arena y el mar. Tino es uno de los pocos canarios a los que no les gusta la playa. Con 20 años vio morir ahogado en la playa de La Cícer a un amigo con el que había ido a pescar en un pequeño bote. “Desde entonces prefiero un asadero”, sentencia.

Asimismo, e instalados en la paradoja, un hombre de fútbol como él nunca dio una patada a un balón. “Empecé como árbitro. A lo mejor pitando partidos entre soldados de La Marina en el Antonio Rojas -campo del Huracán, equipo alevín del que después “El Escachao” sería primer entrenador- fue donde me entró el gusanillo de entrenar a los chavales”, elucubra. “Dicen que con la gorra y el bigote me parezco a Sergio Kresic, pero a mí me gusta jugar más ofensivo”, chancea. Entre todas las observaciones que dedica y ha dedicado a sus muchachos, Tino rescata dos consejos. Moral y material. “A los chiquillos les digo que antes de ser buen jugador, hay que ser buena persona. Y si algún día llegan a ser profesionales insisto en que no se gasten 80 euros si ganan 40. Que tengan cuidado con las novias presumidas”, bromea.

Pipas en el graderío

Cumplidos los 18 años, un joven Tino pululaba las gradas del viejo Insular vendiendo pipas, refrescos y bocadillos. No era un trabajo fácil. “Un día me resbalé y me caí cuatro gradas abajo, las papas se fueron por un lado, los bocatas por otro. Todavía me acuerdo de un chiquillo que se partía de risa. ¡Me cago en su madre!”, farfulla entre risas. No ha tenido suerte últimamente “El Escachao” con los escalones. “Esta temporada, en diciembre, subía al palco para hablar con el ‘presi’ en un campo de Telde donde jugábamos un amistoso, me tropecé y me rompí el peroné”.

Ni con el yeso, el pequeño gran Tino perdió la fe en el ansiado ascenso. “Cuando perdimos la ida de la promoción 3-1 contra el Zaragoza les dije a los jugadores que íbamos a subir… y subimos”. Un gol del “chino” Araujo en casa a falta de seis minutos abrió las puertas de Primera. El Dios del fútbol se lo debía.

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Querido por la plantilla, Valerón se acercó a un enyesado Tino para darle un sentido abrazo tras la disputa de la última jornada de Segunda División ante el Mallorca. “El Flaco es un 10 como jugador, pero un 20 como persona”, proclama categórico. Canario de pura cepa, “El Escachao” se declara hincha de la Unión Deportiva “a muerte” y reprocha con acritud la dualidad de aficionados amarillos que también simpatizan con Real Madrid o Barça. “Hay que ser canario a las buenas y a las malas”, sentencia. Tino apenas ha pisado la Península de ‘los godos’. Y cuando lo ha hecho, invitado personalmente por el presidente a los partidos decisivos en Córdoba, Zaragoza o Valladolid, o como técnico del fútbol-base en Andorra, Albacete o Toledo, su cita siempre ha sido con el esférico. En uno de aquellos partidos, un chaval del Valencia le propuso canjear su camiseta por el chándal de Tino, un gesto entrañable que arrojó una gota naranja en el corazón amarillo y azul de “El Escachao”. “Mi jugador favorito siempre fue Mario Alberto Kempes”, confiesa mientras nos despedimos bajo el sol canario.

Se pierde en el horizonte acompañado de una pareja de jóvenes recogepelotas. Prácticamente tienen la misma altura. Sin embargo, Tino podrá ser el “El Escachao” pero camina “estirao” con el equipo de su alma en Primera. Hinchas como él hacen latir el corazón de la Unión Deportiva Las Palmas que regresa a la élite del futbol español.

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Revista Libero

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