Solo válido a partir de 1924: el gol olímpico

Un gol olímpico... cuando el balón lanzado desde el corner entra directamente en la portería contraria sin que nadie llegue a tocarlo. Así se define a ese gol tan raro como atractivo en los terrenos de juego. Narrado por muchos como el chaflán del balompié, la suerte más complicada del fútbol o lo más trigonométrico del deporte rey.

Hace poco en nuestro blog hacíamos mención al paso del futbolista francés Thierry Henry por el Red Bulls neoyorquino como uno de los ejemplos de grandes futbolistas que se retiran haciendo caja. Y hoy de nuevo hablando del "gol olímpico" traemos a este jugador como ejemplo de anotador de este tipo de gol.

Pero la historia de este tipo de goles se remonta a 1924 cuando el jugador argentino Cesáreo Onzari marca a la selección de fútbol de Uruguay, en el minuto 15 de juego del partido amistoso celebrado el 2 de octubre de 1924, que ganó Argentina por 2-1. La selección de Uruguay se acababa de proclamar campeona olímpica, por lo que se acuñó el termino de gol olímpico para referirse a un gol de estas características.

Este tipo de goles no estaba reconocido como válido en el reglamento futbolístico hasta que la regla fue modificada por la International Football Association Board el 14 de junio de 1924 en su artículo 11 de las Reglas de Juego.

Desde el gol que encumbrase a Onzari en 1924 hasta nuestros días muchos han sido los futbolistas que se han popularizado por hacer estos goles o bien que estos goles han hecho más grande su fama como es el caso de Roberto Carlos, David Beckham o Ronaldinho o el mencionado Henry.

El único gol olímpico en una Copa Mundial de la FIFA, hasta 2011, lo había anotado el colombiano Marcos Coll al inolvidable arquero ruso Lev Yashin en Chile 1962. En 2011, sin embargo, se sumó a la lista el mexicano Jorge Espericueta, quien le marcó uno a Alemania en la semifinal de la última Copa Mundial Sub-17 de la FIFA.

Y como españoles nos quedamos con este de Javier De Pedro que dejó con la boca abierta a Pep Guardiola y al Barcelona de Cruyff en Anoeta. Intención y despiste se dan la mano.

Futbol Factory

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