Sobre el miedo y la final

Todos tenemos miedo. Quizá no se reconoce en público. Pero el miedo está presente. Lo que sucede es que en el cole no se estudia una asignatura que te prepare para enfrentarte a tus demonios. Nadie nos prepara para enfrentarnos al miedo, para mirarle cara a cara: el miedo a no estar a la altura, el miedo a caer, el miedo a tener éxito, el miedo a perder la identidad, el miedo a tener miedo, el miedo a la muerte, el miedo a dejar de ser reconocido por los demás…

El miedo está insertado en el centro de nuestro cerebro y nos sirve de brújula para sobrevivir. Cuando llegan enfrentamientos duros, el miedo puede paralizarte. Los boxeadores lo llaman “gestionar el espanto”y consiste en no tenerle miedo al miedo, sino hacerlo tuyo.

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Justo lo que hizo nuestro seleccionador. Venancio plantó batalla al agobio que genera una semifinal y a la angustia que provoca jugar contra Kazajistán. Hace dos años no superamos la semifinal , lo cual edifica una barrera psicológica. A esto se añadía el juego en ataque de cinco para cuatro del combinado de Cacau, algo que siempre multiplica las dudas y el desasosiego. Porque todos sabemos cómo ataca, cuándo lo hace y para qué lo hace. Pero nadie ha dado respuestas convincentes…hasta ahora.

Creo que detrás de la victoria de España hay un trabajo exhaustivo de análisis (casi obsesivo), un entrenamiento específico como pocas veces se ha hecho y una puesta en práctica ejemplar. Álex, Miguelín, Rivillos y Raúl Campos, que marcaban nuestra primera línea defensiva, dominaron la distancia adecuada en cada instante. Con valentía y neuronas a partes iguales, con amenaza y exigencia permanentes. Nunca un paso atrás. Lo habitual es esperar en doce metros y a partir de ahí, ir modificando la altura defensiva. Pero esta vez no. Esta vez nos plantamos en dieciséis metros. Y en cuanto veíamos un mal pase, un control defectuoso, arrancábamos en manada. En ningún momento estuvieron cómodos, ni cuando se acercaron en el marcador.

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Ortiz, Bebe, Pola, Lin y José Ruiz son el equilibrio. Marcaron el ritmo más idóneo en cada fase, manejaron con clarividencia una de las premisas fundamentales contra Kazajistán, las posesiones largas, y no perdieron ni un segundo en pequeñeces. Siempre centrados en el equipo: nadie piensa solo (que diría Marina), nadie juega solo.

Hubo unas cuantas situaciones angustiosas cerca de nuestra portería. Pero tras cada embestida rival, la imagen de un Paco Sedano imperturbable, a lo suyo y ordenando cómo debíamos abrir la cancha en ataque, relajaba la tensión y acercaba la victoria.

Ahora, ya estamos en la ansiada final contra Rusia. Háganme caso: no repasen las estadísticas. Siempre digo lo mismo: estadísticamente está demostrado que las estadísticas fallan. Y hagan caso al corazón y a la mirada de nuestros jugadores. En ellos está la respuesta. Y, como han demostrado, son capaces de dominar el miedo y Europa.

@juliogarciamera

Julio Garcia Mera

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