No debemos despreocuparnos de la formación integral del jugador

Ya sabéis que en Futbolfactory nos apasiona el fútbol pero tenemos especial predilección por el fútbol cantera, no ya el de los grandes equipos sino el de calle, el de colegio, el fútbol base.  Y dentro de este ámbito no paramos de destacar la importancia de la figura del entrenador como un educador.

Un entrenador de equipos de base o iniciación tiene que tener capacidades personales como profesor, como educador. Debe conocer además de las reglastácticas del deporte y principios de educación física, la psicología del niño. Y esto hay que reconocer que no es fácil, que es un añadido más a la preparación de este profesional del fútbol y además necesita de vocación.

Es indudable que el atractivo que ejerce este deporte a edades tempranas es patente y muy poderoso. Pero no hemos de olvidar que precisamente por eso en edades infantiles la educación del niño es lo primero y el deporte es una herramienta al servicio del crecimiento del pequeño, no debemos despreocuparnos de la formación integral del jugador.

Por eso nos llama la atención en esta ocasión la escuela de Fútbol de la Fundación Marcet. En un artículo publicado por su fundador Javier Marcet pone bien claro que debe ser ante todo un entrenador de fútbol base: "Si no queremos engañar a los padres y a los niños, entrenador de fútbol o de cualquier deporte no puede serlo cualquiera. Debe ser una persona con un perfil muy especial. Además de gustarle tiene que querer ayudar al niño de forma integral. Debe ser un educador".

Y esta filosofía se merece nuestro aplauso. Saber educar jugando al fútbol es importante, necesario y precisa de vocación y aprendizaje.

Enseñar a jugar al fútbol no debe limitarse a enseñar las reglas de juego, técnica y táctica individual y colectiva, sino también usar el fútbol como herramienta para inculcar valores en los niños de compañerismo, respeto, trabajo en equipo, constancia o sacrificio, que es la esencia del juego limpio. El respeto de las normas, la negativa a admitir las trampas para conseguir la victoria a toda costa, el respeto del vencedor por el vencido y reconocimiento de que el primero es mejor.

Tomarse el juego para aprender y el resultado como una consecuencia del trabajo previo realizado, evitando crear ansiedad en los chavales, tratándolos a todos por igual, aprendiendo a superar los fallos propios y ajenos con amor propio pero sin iras.  Resultado igual a esfuerzo.

Un niño educado en este ambiente y de esta forma será un deportista justo y ejemplar el día de mañana. Seguro que se evitarían noticias lamentables sobre agresiones en los terrenos de juego como las que hemos conocido en los últimos días en nuestro país.

Futbol Factory

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