El legado de los Xab/vis

La Selección Española comienza su camino frente a Macedonia en uno de los primeros encuentros oficiales después de la decepción del Mundial sin que los cambios propuestos por Del Bosque hayan dejado un poso de seguridad en el juego del equipo.

No es para menos. Estamos diciendo adiós a una generación brillante, la generación de los Xabis o los Xavis, lo mismo da. Llamemósla así por haber sido estos dos futbolistas de los primeros que se han significado ante el relevo generacional abandonando voluntariamente la Selección.

Aunque a muchos les pueda parecer precipitado por el estado de forma de ambos jugadores, especialmente el de Tolosa al que se le supone aún unos cuantos meses de fútbol, el gesto no deja de ser significativo en lo que han representado ambos en el fútbol español.

Que los dos futbolistas llamados de un modo y otro a ser el periscopio del equipo, a visualizar por dónde el fútbol del seleccionador debe trazarse en el campo, servir de bisagra y eje entre líneas y lanzar al resto de los futbolistas con sus movimientos al ataque o la defensa... que esos dos futbolistas hayan decidido casi simultáneamente apartarse no es sino otra muestra de su capacidad de visión periférica, adelantada, superior.

Algo tiene que cambiar en la Selección Española y no parece que esté cambiando. No aún. Y no debe ser el seleccionador, un Del Bosque que probablemente es uno de los mejores entrenadores del mundo aunque su bonhomía y discurso tranquilo le dejen atrás ante otros más viscerales y fotogénicos. Tampoco debe ser el modo de juego, un estilo que ha demostrado una eficacia nunca vista en una Selección Nacional y que aún hace recoger trofeos a muchos equipos. Son los futbolistas.

Pero, atención, no se trata de un cambio de cromos. Como bien apuntó Del Bosque en unas recientes declaraciones "No buscamos unos nuevos Xabis, ellos ya han dejado su legado". Se trata de buscar nuevos intérpretes a un estilo que debe evolucionar, que aún tiene múltiples interpretaciones y variantes que aún no han sido escritas sobre un césped.

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Se trata de conseguir que un estilo de juego, esa partitura del tiki-taka que ha venido interpretando la Selección virtuosamente durante el último lustro, evoluciones, que encuentre nuevos músicos que dejen de hacerla monótona y predecible, que el equipo no empiece a desafinar al primer contratiempo o en cuanto una de sus piezas no va al compás.

Se trata de encontrar un nuevo bajista de jazz que puede dar otro ritmo a la salida del balón, un guitarrista heavy que esté cómodo en el riff contundente y en la balada sólida, un vocalista que remate la canción de cada partido con la nota justa en la garganta encontrando el gol.

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Del Bosque lo tiene difícil porque el aficionado español no es precisamente paciente. Tiene la ventaja de que no es el único en esa faena. En Múnich un tal Guardiola lleva más de un año afinando instrumentos en esa misma búsqueda.

El legado de los Xabis, o los Xavis, es que los músicos que lleguen ahora sepan adoptar la responsabilidad que les toca sin distracciones, sin vanidades, asumiendo lo que toca con rigor e inteligencia, mucho más sencillo que lo que les tocó a ellos cuando aún no se había ganado nada.

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