Camino a la perfección

En el camino hacia la perfección el primer paso es conseguir que lo obvio funcione: que el portero no falle, que los defensas sean inexpugnables, que los alas den recorrido al equipo y que los de arriba marquen. Y aunque parezca una perogrullada, lo obvio se suele venir abajo en las grandes citas. Porque por mucho que entrenes determinadas acciones, por mucho que trabajes los comportamientos, la competición convierte la tierra firme en un fino alambre. Y todo lo que llevabas preparado se te cae en cuanto el árbitro pita el comienzo del partido.

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Venancio ha revertido la situación compleja que ha manejado desde hace unos meses con las continuas bajas que ha ido sufriendo nuestra selección. Y ha convertido las posibles dudas en certezas, formando un equipo de ideas cohesionadas y funcionamiento preciso, en el instante más adecuado: los cuartos de final.

No hubo concesión al adversario: ni una broma en los balones divididos, marcando territorio desde el inicio, con ayudas defensivas incesantes y mucha voz desde los palos hacia la primera línea. La parte ofensiva tuvo un nombre con mayúsculas: Álex. Dio un recital: tan pronto fijaba a su defensor, alargando la pista y provocando la distancia entre los defensores portugueses, como aparecía entre líneas para tocar en corto y romper de nuevo hacia la portería rival. No dio tregua, encaraba, asistía, remataba… Y su gol, ese robo por anticipación, con autopase elevado para superar al contrario y vaselina al portero con el exterior, resume la distancia que hubo entre Portugal y España. A su socio habitual, Miguelín, se ha unido Rivillos. Los dos zurdos han alcanzado la madurez competitiva y sus capacidades innatas (uno para uno, pegada demoledora y verticalidad) se integran con naturalidad en el juego de ida y vuelta.

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Otra gran diferencia entre ellos y nosotros estuvo bajo los palos. Paco demostró que es un gigante. Qué importante es que el portero tenga presencia y voz más allá del acierto (que lo tuvo y mucho). La certidumbre que aportó Paco en cada secuencia del partido nos hace ser optimistas para las semifinales porque no sólo sacó manos salvadoras y balones imposibles, sino que además templó al equipo cuando más lo necesitaba.

Las semifinales nos esperan. Hoy toca recuperarse de la batalla e ir analizando lo que es mejorable, pero el partido de ayer nos indica cuál es el camino. El cuerpo técnico de Venancio y el propio seleccionador no paran de ajustar este equipo. Hemos dado un salto de calidad frente a Portugal. Pero lo mejor nos espera a partir de mañana.

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Julio Garcia Mera

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