La barba de Iker Casillas

Que Iker Casillas no se haya dejado barba aún, es el mejor indicador de que está dispuesto a aguantar todo lo que le venga por ser lo que quiere ser: el portero del Real Madrid. El mejor, a ser posible.

Abrir los telediarios por lo que le está pasando a tu equipo, sobre todo si es algo negativo, no es plato de buen gusto para ningún futbolista. Ahora mismo, todo lo que sucede en el Real Madrid, especialmente lo malo, se lee en clave Iker Casillas: su relación con los medios, con otros compañeros, con el club, con el entrenador actual o los anteriores... Falso.

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Es necesario recordar que Iker Casillas, en pleno delirio de grandeza madridista, lanzó un mensaje que fraguó su merecida fama como deportista admirado: "Yo no soy galáctico, soy de Móstoles". Casillas se apeaba de un plumazo de una corriente de opinión que ponía a los jugadores de fútbol, especialmente los del Real Madrid y Barcelona, como estrellas inalcanzables, máquinas de hacer espectáculo, robots sofisticados del deporte como se empeñan en mostrar una y otra vez las campañas publicitarias de las principales marcas. Iker no es de esa galaxia, es de la nuestra. Por eso aún no lleva barba.

Es cierto que desde aquella frase, a Iker le han pasado muchas cosas y tremendas, no sólo deportivamente hablando, sino también personalmente. El joven que se perdía unos días en la sierra de Madrid para desintoxicarse de la vorágine de la Champions o la Selección, para descansar de si mismo, ahora protagoniza varias destacadas campañas publicitarias y es pareja de una de las periodistas más mediáticas del país. Ese recorrido, tiene un precio.

Iker ya no podrá decir aquella frase de nuevo, porque su vida deportiva y personal le ha convertido en galáctico muy a su pesar. Iker podría hacer una vida como la de Beckham, pero no le da la gana. Ese mantenerse en su estricto código de honor y valores personales es lo que está haciendo que Iker Casillas pueda aguantar con una estoicidad digna de un nativo de Esparta lo que le cae cada día que toca partido. Y se le nota en la cara.

Muchos en su lugar, ya se habrían dejado barba. Porque cuando un hombre se deja barba, exceptuando la moda hipster del Chacho Rodríguez o la búsqueda de una estética menos indígena como la que ha superado Sergio Ramos, es que algo le afecta y lo pretende ocultar. Es un mensaje a su entorno: esto me afecta, estoy cambiando, estoy en ello. Que Iker aún no se haya dejado barba es su manera de decir: aún soy de Móstoles.

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Lo que no puede ocultar Iker, a pesar de que no ha hecho jamás ni una sola declaración al respecto de Diego López, Mourinho, Sara Carbonero o cualquier otra cosa que le ponga en el disparadero, es que todo esto le está afectando. Se le nota en la cara, en las ojeras marcadas, en la resignación de su rostro cuando tras encajar un gol, la cámara lo busca. Iker lo sabe, todos los porteros de 1ª división lo saben, y ha eliminado los gestos de ese momento hasta la mínima expresión. Ya sólo le queda una leve mordedura en el labio inferior y las ojeras. Pero no se deja barba.

El día que en el mentón de Iker Casillas aparezca una leve sombra de pelo, estará perdido. Todos lo estaremos. Mientras tanto, será ese tipo de Móstoles al que admiramos y al que no debemos esperar que se vaya del Real Madrid o se retire para reconocer su enorme valía.

Aguanta Iker.

 

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